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martes, 23 de agosto de 2011

El teatro barrroco

EL TEATRO BARROCO

Introducción.-

Durante el siglo XVI existían tres tipos de teatro tanto en España como en otros países europeos: religioso, cortesano y popular. Fue éste último el que adquirió el mayor desarrollo. Veamos el ambiente en el que se desenvuelven las comedias.

A fines del S. XVI , existen ya unos locales fijos: “Los corrales” ; son patios al aire libre, entre varias casas. Al fondo, se hallaba el escenario, un tablado sin telón ni decorados. En el lado opuesto se levantaba la cazuela , reservada para las mujeres. Los nobles se situaban en los aposentos, balcones y ventanas de las casas que cerraban el patio. Y en el patio, a excepción de algunos bancos y gradas, asistía de pie la mayoría de los espectadores: eran los hombres del común, llamados “mosqueteros”, temibles por sus reacciones violentas cuando la obra no era de su agrado.

A principios del S. XVII dos eran los corrales en Madrid: El de la Cruz y el del Principe. Y los había en las principales ciudades: Sevilla, Valladolid, Valencia, Zaragoza, Barcelona...Los corrales eran explotados con fines benéficos por cofradías piadosas, hospitales y ayuntamientos.

Las representaciones comenzaban a las dos en invierno y a las tres en verano. Duraban varias horas y se desarrollaban con arreglo al siguiente orden:

Loa - 1º acto - entremés - 2º acto - entremés - 3º acto - baile o fin de fiesta.

No había decorados al principio, el espectador los suplía con su imaginación. Sólo más adelante, se usarán decorados y otros recursos escénicos, a imitación del teatro cortesano.

Una obra duraba poco en cartel: era frecuente la representación única, y ocho o diez días de permanencia era ya un gran éxito.

Los comediantes eran de muy diversa condición. Algunos grupos llegaban a la categoría de “compañías reales o de título” , pero muchas otras, ambulantes, se quedaban en “cómicos de la lengua”. La vida de los comediantes era dura, solían estar mal vistos y sus costumbres fueron objeto de múltiples censuras. Algunos moralistas multiplicaron sus ataques al teatro y consiguieron en varias ocasiones, que el rey prohibiera toda clase de representaciones.

El éxito de las representaciones populares fue tan grande que hasta los reyes quisieron disfrutar de ellas. Ya a principios de siglo, Felipe III mandó transformar uno de los patios de Palacio en teatro, para poder ver las comedias..

Junto a ello, otro tipo de espectáculos se desarrollará en el ambiente cortesano. Los salones de Palacio, o las residencias reales de la Zarzuela, del Buen Retiro, etc acogerán representaciones fastuosas, muy alejadas de la austeridad escénica de los corrales. A partir, sobre todo, de 1630 llegan a la Corte los adelantos escenográficos que, desde Italia traen técnicos: riqueza de decorados, complicada tramoya, “máquinas” capaces de producir cambios asombrosos (lo que hoy llamamos efectos especiales), así como apariciones y desapariciones de personajes, por los aires o por el suelo.

No menos brillantez alcanzó en el S. XVII el teatro religioso; contamos con LOS AUTOS SACRAMENTALES íntimamente ligados a los festejos del Corpus. Las representaciones exaltaban el dogma de la Eucaristía. Los espectáculos se hacían al aire libre, normalmente en una plaza ante la iglesia. Un tablado y unos carros profusamente decorados componían el escenario.

Los autos sacramentales son obra de un solo acto, con personajes alegóricos (el Pecado, la Sabiduría, la Gracia...) que desarrollaban un tema espiritual relacionado con la Redención y que terminaba con la exaltación de la Eucaristía.

FUENTE: Departamento de Lengua Castellana y Literatura, IES La Jara.

lunes, 22 de agosto de 2011

Artículo "La música en el teatro español"

LA MÚSICA EN EL TEATRO ESPAÑOL

No es extraño que el musical esté de moda en el teatro español, ya que, aprovechando el interés que este género está suscitando, el teatro español recupera una de sus características más genuinas e importantes: la música.

No olvidemos que en el Siglo de Oro, la época por excelencia de la historia del teatro español, la música y el baile constituían una buena parte del interés del espectáculo barroco. De hecho, “el baile” era una breve pieza cuyos ingredientes eran el canto, la música y la danza y que se integraba en el conjunto del espectáculo teatral, formado por la comedia y los entremeses intercalados entre las jornadas de la misma. En un principio, estaba anexionado a un entremés, en cuyos últimos versos solía anunciarse que a continuación comenzaba el baile, pero, con el tiempo, este último va ganando importancia y autonomía, de forma que es el entremés el que quede integrado en el baile.

Asimismo, también en el Siglo de Oro, en el reinado de Felipe IV, nace otro de los grandes géneros españoles: la zarzuela. Recibe su nombre del pabellón de caza del Palacio de la Zarzuela, llamado así por la gran cantidad de zarzas que lo rodeaban, en donde este rey, gran amante del teatro y los espectáculos musicales, gustaba de celebrar representaciones nocturnas y fiestas cortesanas. En los descansos de las fiestas, los cortesanos contrataban compañías teatrales madrileñas que representaban obras en las que se alternaban la música y el canto con los pasajes hablados, dando origen a la zarzuela. Con el auge de la ópera italiana en el siglo XVIII, la zarzuela está apunto de desaparecer. Este género, sin embargo, se recuperó y vivió su época de esplendor en la última mitad del siglo XIX, en la que triunfaron compositores de la talla de Barbieri, Chapí y Chueca. En esta época se construyeron en Madrid varios teatros dedicados a la representación de zarzuelas. Los más importantes son el Teatro del Circo, el Apolo y el Teatro de la Zarzuela. En la actualidad, la temporada de zarzuela que programa el Teatro de la Zarzuela es todo un éxito, ya que al público le sigue gustando el carácter popular y divertido de este género musical tan español.

Nos detenemos en este punto porque la zarzuela y el musical tienen mucho en común, ya que en la zarzuela el teatro se mezcla con los números musicales que recogen el folklore popular. Por tanto, podemos decir que la zarzuela es un musical genuinamente español y con más historia que las superproducciones de los teatros de Broadway.

En esta línea, el Teatro Español de Madrid presentó el 28 de octubre un montaje llamado El fantasma de la ... zarzuela con la idea de que niños y jóvenes aprendan a disfrutar de este género. Su argumento nos muestra un niño huérfano que crece entre las paredes de un viejo teatro en el que se representan zarzuelas; al hacerse mayor, oculta su rostro tras una máscara porque se siente muy feo, y la gente se cree que es un fantasma que habita en el coliseo. Un día, el fantasma se enamora de una cantante y hace todo lo posible para que ella triunfe sobre los escenarios y para que se enamore de él.

El texto es de Ramón Paso y la dirección, de Carlos Bofill. El montaje mezcla los estilos del exitoso musical americano con el genuino estilo de la zarzuela, incluyendo fragmentos de obras tan importantes como Luisa Fernanda, La Calesera y Los Gavilanes.

No obstante, a pesar de que el musical no ha sido nunca extraño a la escena española, es cierto que las grandes producciones musicales no han encontrado la acogida que han tenido en otros países hasta fechas recientes. Con la acumulación de varios musicales en la cartelera madrileña parece que podemos hablar de la moda del musical. Lo cierto es que, por fin, la Gran Vía puede sumarse al Broadway neoyorquino y al West End londinense con un total de cinco musicales abiertos al público -Queen, We Will Rock You, Siete Novias para siete hermanos, Cabaret, El Fantasma de la Ópera y Donkey Show- y uno aún por estrenar -Cats.

Una muestra más de este auge del musical es que un autor como David Barbero está iniciando su actividad como libretista para obras musicales. Dentro del teatro, ha conseguido varios premios y algunas de sus obras han sido representadas en países latinoamericanos, ahora ha escrito textos para poemas sinfónicos y libretos para composiciones musicales, de los que ya se han estrenado Los leones de Miranda, y dentro del género de cabaret, Evitango es su primera obra.

Pero si hay algún nombre referencia a la hora de hablar de musical es, sin duda, el de la compañía Dagoll Dagom, que desde que se fundó en 1974 tiene una consolidada trayectoria escénica y artística, con una notable capacidad de propuestas escénicas tanto en teatro como en medios audiovisuales. Entre sus aportaciones, cabe destacar la difusión de la obra literaria de Pere Calders, con la obra de teatro Antaviana, con la que inició su recorrido hacia el mundo del teatro musical, línea que Dagoll Dagom ha consolidado en sus trabajos posteriores: Nit de Sant Joan (1981), Glups!! (1983), El Mikado (1986), Mar i Cel (1988), Flor de Nit (1992), Historietes (1993), T'odio amor meu (1995), Pigmalió (1997), Els Pirates (1997), logrando la recuperación de este género en Cataluña, y habiendo obtenido numerosos premios ente los que destacan: Premio de la Crítica al mejor espectáculo musical de 1992, Premio Nacional de las Artes Escénicas de 1994, Premio de Honor de la fundación Jaume I de 1995, Cruz de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya 1996 y Premio Max de la SGAE al mejor espectáculo musical de 1998.

Asimismo, el interés del género ha hecho que se rescaten biografías olvidadas del mismo, como es el caso de Ladka Kozderková, cuyo sueño era actuar en un teatro musical , sueño que vio cumplido en 1973 cuando fue contratada por el Teatro Musical de Karlín de Praga, donde actuó durante trece temporadas convirtiéndose en una de las primeras estrellas checas de musical. El público la amaba. Y aunque su exhuberante temperamento y la vena cómica no escaparon a la Televisión Checa ni a los estudios cinematográficos de Barrandov, el escenario donde más éxitos cosechó fue el del Teatro Musical de Karlín, donde brilló en el papel protagonista del musical Hello, Dolly. Su muerte casi en el escenario nos dejó sin ella en 1986.

Relacionado también con el musical es otra moda que está triunfando mucho: la música de fusión. Un ejemplo significativo puede ser el espectáculo que el 22 de noviembre tuvo lugar en Manhattan Center, donde se celebró un potpurrí musical llamado Olé Cuba, a modo de trueque musical entre Cuba y España. Sin duda, la diversidad une y enriquece, y es uno de los factores que impulsa el desarrollo y éxito del musical.

Volviendo a nuestra cartelera madrileña –cuyos antecedentes más inmediatos son El Hombre de la Mancha, protagonizado por José Sacristán y Paloma San Basilio, que estuvo varios años en cartelera y cuyos protagonistas repitieron experiencia en este género con My Fair Lady- nos encontramos el musical Queen, We Will Rock You, un espectáculo futurista dedicado al legendario Freddy Mercury. Su estreno el 1 de octubre fue toda una novedad porque era la primera vez que una compañía inglesa del sector invertía en Madrid.

Por su parte, Siete novias para siete hermanos es un clásico entre los clásicos del cine que llega a la cartelera teatral en formato de musical en un montaje dirigido por Ricard Reguant, uno de los directores más fructíferos en lo que a musicales se refiere de nuestro país, y con coreografía de la bailarina clásica María Jiménez, Premio Nacional de Danza. En el libreto y las letras de las canciones, escritas por Guillermo Ramos, se ha intentado modernizar mesuradamente la obra. Ha tenido un enorme éxito en Italia y Francia y en Broadway está previsto que regrese en la temporada 2004-2005. David Castedo y Xana G. Del Pozo serán respectivamente, Adam Pontipee y Milly, personajes interpretados en el cine por Howard Keel y Jane Powell. Junto a ellos, un reparto coral de jóvenes cantantes, actores y bailarines de diferentes estilos, incluyendo el circo y el flamenco.

Uno de los musicales más conocidos, El fantasma de la ópera, es un montaje a la altura de Broadway, pero con reparto español y montaje traído de Londres. La obra desde su estreno hace dieciséis años ha sido aplaudida ya por más de setenta millones de personas en todo el mundo. Madrid hace casi el número de las ciudades de dieciocho países en las que ha podido verse hasta ahora este musical, un clásico del género y uno de los más taquilleros y premiados -ha conseguido más de cincuenta galardones internacionales- desde su estreno en 1986 en el Teatro Her Majesty's de Londres. Basado en la novela homónima escrita por Gaston Leroux, El fantasma de la Opera es uno de los mayores éxitos de quien está considerado uno de los más grandes maestros del musical, el británico Andrew Lloyd Webber, autor de títulos como Jesucristo Superstar, Evita, Cats o Sunset Boulevard. Los papeles principales -los del fantasma, Christine y Raúl- son representados por Luis Amando, Felicidad Farag y Armando Pita. Una orquesta en directo de veinte músicos, doscientos treinta trajes, veintidós cambios de escena, más de dos mil metros de tela utilizados para confeccionar telones y una lámpara de una tonelada de peso -reproducción de la existente en la Opera de París- para lo que se han utilizado seis mil cuentas de cristal, son algunas de las cifras de este montaje, el mismo que todavía puede verse en el West End londinense o en el Broadway neoyorquino.

Finalmente, aludimos al estreno el 17 de diciembre de Cats del mencionado autor, Webber, en el Teatro Coliseum. Llega realmente con retraso si tenemos en cuenta, además de su éxito en Nueva York y en Londres –donde ha estado veintiún años seguidos en cartelera, que representado en trescientas ciudades y se ha traducido a diez idiomas. La bailarina y coreógrafa de la obra Gillian Lynne manifestaba su desconcierto ante este atraso del musical en nuestro país y apuntaba como posible factor la falta de experiencia de los profesionales españoles en este género.

Una de las características comunes a todos los musicales es su costosa producción, de hecho, Cats es el espectáculo más caro de los estrenados en el país. La productora Cie Stage Holding ha invertido en él, traducido a nuestra moneda, siete millones y medio de euros.
Asimismo, otra de las características es el éxito de los mismos, que parece estar asegurado a la luz de este interés por el género, que ha hecho que en Madrid las tres obras más vistas sean desde hace semanas sean los musicales El Fantasma de la Ópera, Cabaret y Siete Novias para Siete Hermanos.
No obstante, existen opiniones menos halagüeñas, como la de la directora de la compañía productora de Cats, Julia Gómez Cora, que señala la posible no asimilación de tantos musicales por el público después de los tres grandes que hemos dicho que ya están en cartelera. En cambio, el productor de Queen, We Will Rock You, Luis Alvarez, parece más optimista y señala el interés que ha llevado a muchos ciudadanos a viajar a Londres sólo para ver ciertos musicales. Opinión que se confirma en el hecho de que casi una mitad de los espectadores son de la periferia, y se organizan viajes a la capital –único núcleo poblacional que puede soportar el peso económico de estos espectáculos- expresamente para ello. Estamos de acuerdo en que este éxito no es ninguna suerte, sino algo buscado y añorado en España, además de ya existente en su historia. No obstante, para que la productora amortice la inversión, con un año en cartelera es suficiente para que Cast sea visto por unos trescientos cincuenta mil espectadores y se solventen todos los gastos.

Podemos señalar otros grandes musicales recientes como Memory, que es un musical de musicales porque repasa en dos horas la historia de los grandes musicales americanos de los años 50 a los 70, desde Hollywood a Broadway, desde Sonrisas y lágrimas a Fiebre del sábado noche. Esta arriesgada idea es un repaso a la memoria musical americana a través de las fantasías de Raquel Cohen (Mamen García), dependienta de unos grandes almacenes que, soñando despierta, ve aparecer ante sus ojos a los protagonistas de Cantando bajo la lluvia, El violinista en el tejado, Cabaret o Los miserables, hasta repasar momentos cumbre de más de quince musicales, con un tono ligero, casi siempre de comedia, aunque con puntuales trazos dramáticos. A lo largo de la obra, Pedro Ruy Blas y Gemma Castaño van personificando los sueños de la dependienta Raquel, acompañados por un elenco de actores, muchos de los cuales ya pudimos ver en espectáculos de tanto éxito como Los miserables y El hombre de la Mancha.

Una muestra más de la acogida del musical en nuestro país es el musical que cuenta la vida de Gaudí y que se sitúa en el seno de las exposiciones y los actos conmemorativos con los que Barcelona celebra el año internacional Gaudí. Desde la sala del hospital al que fue llevado cuando le atropelló el tranvía número 30, un Gaudí anciano y moribundo recuerda los momentos más importantes de su vida. Con él viajaremos por el universo secreto de la geometría, conoceremos sus sueños de juventud y su primer y único amor, le acompañaremos durante los años de estudiante en Barcelona y lo seguiremos en su vertiginosa carrera por superar todos los límites constructivos de su época. Veintiocho actores en escena, una orquesta en directo de dieciocho músicos, realidad virtual, tecnología multimedia y un gran despliegue de luz y sonido son los ingredientes de este musical.
Asimismo, contamos con Tanguera, un musical audaz y provocativo en el que cuarenta artistas y ocho parejas de baile directamente llegadas desde Buenos Aires participan. Cuenta la historia del tango argentino a través de algunas de sus melodías y danzas más emblemáticas. Ya ha obtenido un gran éxito de crítica y público en Argentina y Chile, viajará a Broadway después de su paso por el Teatro Nuevo Alcalá de Madrid, que vuelve a abrirse con esta obra después de catorce años de clausura. El empresario Alejandro Romay, productor del espectáculo, ha invertido nada menos que quince millones de euros en acondicionar el edificio. El musical cuenta la historia de amor entre Giselle, una joven francesa que llega al puerto de la Esperanza de Buenos Aires en 1900, y Lorenzo, un joven criollo soñador que está decidido a conquistarla. Sin pretender ser una historia cronológica del tango, y mucho menos una sucesión de canciones y coreografías, la obra contiene los hitos históricos del tango y pone en escena a inmigrantes y criollos, rufianes y compadres, prostitutas y "milongueros", todos ellos atrapados en un juego de esperanza, desencanto y contradictorias pasiones.

En último lugar, las producciones de Disney ocupan un puesto destacado en el panorama del musical. Así, por ejemplo, el centenario de Peter Pan fue celebrado con un musical lleno de música pop, coreografías espectaculares y muchas caras conocidas. Algunos chicos de la primera edición de Operación Triunfo -Gisela, Alex, Javián y Mireia- participaron en este espectáculo, junto a Beatriz Luengo -muy conocida por su personaje de Lola en la serie Un paso adelante- y actores con gran experiencia como Raquel Grijalva, en el papel de Peter Pan, y Enrique Sequero, como el malvado Capitán Garfio.

Y sí, tenemos que concluir que el musical está de moda en España, que nos acabamos de incorporar a este tren, pero no debemos olvidar que precisamente en nuestro teatro nunca ha faltado la música, el canto, la danza y el baile.


Reseña crítica "Las representaciones teatrales locales. La obra dramática de Francisco Benítez: Belalcázar. El halcón y la columna"

LAS REPRESENTACIONES TEATRALES LOCALES. LA OBRA DRAMÁTICA DE FRANCISCO BENÍTEZ: BELALCÁZAR. EL HALCÓN Y LA COLUMNA

En la presentación de la última obra de Francisco Benítez, Belalcázar. El Halcón y la Columna (Ayuntamiento de Belalcázar-Diputación de Córdoba, Ediciones Duque, 2003), el alcalde de la localidad que da título a la misma, Vicente Torrico Gómez, resaltaba el carácter localista de esta pieza teatral con emotivas declaraciones, al tiempo que dejaba claro que el objetivo de la edición de la obra es, junto con la difusión de la historia de Belalcázar, que el pueblo disfrute con la participación en su representación. Por tanto, nos situamos ante una obra de encargo, “pensada y escrita” con la finalidad mencionada.

En contra de lo que pudiera parecer a causa de las connotaciones negativas que implica el término “localista”, esta actitud es positiva y aconsejable. Tenemos que perder el miedo al localismo, una declaración de este tipo nunca va a contravenir la valía de una obra desde una perspectiva literaria amplia, ya que cuando una obra es buena, lo de menos es el cauce desde el que se haya difundido. En este caso, debemos a las Delegaciones de Cultura del Ayuntamiento de Belalcázar y de la Diputación de Córdoba, junto a Ediciones Duque, esta nueva iniciativa en el contexto de las representaciones teatrales locales.

De todos modos, a Francisco Benítez no le hace falta ningún tipo de apariencia porque cuenta con una larga y conocida carrera artística. Entre sus obras estrenadas se encuentran La víspera (Barcelona), Los invitados (Granada), Farsa inmortal del Anís Machaquito, El Rosario de la aurora y Melodrama verídico de Burri de Carga (Madrid); entre las publicadas, Los invitados (Escélicer), Farsa inmortal del Anís Machaquito (La Avispa), Melodrama verídico de Burri de Carga (La Avispa) y Joaquín Muñoz en casa de las máscaras (La Avispa); y entre las no estrenadas, Mercedes, Morte Rossa, Platavieja, Alumbaramiento súbito y mágico del infante del amor trenzado o La Pava, La Sagrada Familia, Fuensanta o Los viejos y Mamá trompeta. Además, recibió en 1992 la Beca Ayuda a la Creación del CAT.

Por tanto, la primera cuestión que nos suscita la lectura de esta obra, y una de las más importantes, es la trascendencia de una obra de este tipo fuera del contexto que la genera. Para resolverla, en el caso de Francisco Benítez, contamos con un antecedente que avala la importancia de este tipo de dramas: La vaquera de la Finojosa.

En 1998, coincidiendo con el VI Centenario del nacimiento del Marques de Santillana, se representó por primera vez esta obra en Hinojosa del Duque. En ella, se recrea la estancia histórica de don Iñigo López de Mendoza en la villa aproximadamente en 1432 y su enamoramiento de una vaquera. De hecho, existe una carta manuscrita del Marqués dirigida al Conde de Torres Bermejas, en la que se cuenta lo ocurrido entre el poeta y la vaquera, con fecha de 1438. Y a ello se debe, con toda seguridad, la serranilla que comienza “Moça tan fermosa non vi en la frontera como una vaquera de la Finojosa”, así como la alusión a tal personaje femenino en tres de sus serranillas. El éxito de esta representación, manifiesto no sólo en el público, sino en la crítica -que llegó a galardonarlo con el “Premio Internacional Munde Teatre”- llevó, tras una segunda representación al año siguiente, al Ayuntamiento de Hinojosa del Duque a establecer el carácter bianual de dicha puesta en escena.

Coincidiendo con Belalcázar, se trata de un espectáculo de inspiración medieval y, de acuerdo a sus mismas posibilidades escénicas, se representa en la Plaza de la Catedral de la localidad con la participación de unos ciento cincuenta vecinos –unos cuarenta y cuatro en el caso de Belalcázar- repartidos en una variada tipología de personajes (pastores, aldeanos, serranas y otras capas sociales) y en una rica ambientación escénica, en la que no faltan los animales propios de un ambiente rural, como caballos, vacas u ovejas.

Volviendo la vista al teatro nacional del siglo XVII, encontramos concomitancias con comedias nuevas como, por ejemplo, Fuenteovejuna de Lope de Vega. Así, desde el mismo título que alude a una localidad concreta, se observan algunos rasgos textuales, como la presencia de un componente histórico argumental, rasgo que se asocia a toda una serie de obras que tienen como base una historia y, concretamente, a las relacionadas con el papel del rey, el noble y el villano en sus relaciones socio-políticas, como El mejor alcalde, el rey, Fuenteovejuna o Peribáñez y el comendador de Ocaña de Lope de Vega, en las que el conflicto gira en torno a un personaje que detenta injustamente su poder, desencadenando una sublevación personal o popular, con la diferencia de que en ésta la resolución no queda en manos del rey-juez, sino de otros personajes. Asimismo, hay similitudes también con la temática histórico-legendaria de obras como El caballero de Olmedo, especialmente en la voz que incorporan el coro de mancebas.

Otro rasgo común es el componente lírico propio de las comedias nuevas, en relación con el cual es de gran interés la introducción de los romances y las canciones populares, fundamentalmente por parte del coro de mozas, como, por ejemplo, la última que cierra la obra y que dialoga con otra anterior sobre la boda de doña Elvira y don Alfonso; También destaca la solemnidad de los alejandrinos del coro de mancebas, que tiene una funcionalidad de premonición, en consonancia con la tragedia griega. Y aunque no es lo habitual, en algunos momentos este componente lírico procede de personajes, como el romance de don Álvaro antes de irse a la guerra o el diálogo ficticio entre Leonor y su difunto marido, Guzmán. A pesar de la cierta similitud, las diferencias son notables, ya que hay un componente de prosa mayor, si bien disimulado muchas veces por la tipografía. Entre otros rasgos y recursos, encontramos algunas técnicas como el aparte que nos recuerdan a esta comedia del siglo de Oro.

No obstante, nos interesan ahora más las similitudes de la obra con respecto a algunos rasgos dramáticos del teatro áureo, como es la puesta en escena. En primer lugar, requiere bastantes personajes, al menos cuarenta y cuatro, con la posibilidad de que los no protagonistas hagan más de un papel, ya que muchos son meros figurantes. Y en segundo lugar, la posibilidad de la representación al aire libre en la plaza del pueblo. De este modo, se podría contextualizar dentro de un paradigma de obras cuya estructura dramática para la representación permite la implicación de una colectividad y, en consecuencia, una variada puesta en escena, como es el caso de Fuenteovejuna.

Desde el punto de vista genérico, la podemos considerar una tragicomedia, ya que, aunque presenta el riesgo trágico e implica afectivamente a los espectadores, e incluso se produce la catarsis final, además de la función apuntada del coro de las Mancebas, presenta una relativa comicidad perfectamente aislada del conflicto dramático y una figura en la que, si bien tímidamente, recae la gracia por su carácter de “atolondrada”, que es doña Piedad. Además, hay situaciones dramáticas de cierto tinte cómico como las que giran en torno a la columna y la ironía de Leonor.

Pero, a pesar de estas similitudes, la agilidad de los diálogos o la modernización muy acertada de ciertos términos -pero el conservadurismo necesario de otros- con los que contribuye al acercamiento de la época al lector/espectador moderno, de manera que se recrea el ambiente medieval, pero sin olvidar su proyección actual y nos sitúa ante una obra plenamente contemporánea, ajena a un patrón concreto.

En cuanto a la trama y los motivos temáticos, la obra gira en torno a la vida de la familia noble de los Alcántara, cuyo último miembro generacional de la misma llega a ser conde de Belalcázar. Por tanto, de un lado, la obra nos sitúa en las intrigas cortesanas y las revueltas de los nobles de una Castilla de guerras, alianzas y traiciones, de la época turbulenta que fueron los reinados de Juan II y el rey Enrique, y que termina con los Reyes Católicos y la Reconquista, acontecimiento histórico que cierra la obra; pero, de otro, al margen de este contexto histórico, la obra narra la vida cotidiana de unos personajes con unos sentimientos y unas preocupaciones concretas, ficticias y recreadas. No nos encontramos, pues, ante una obra histórica porque -como dice el propio autor en una nota prelimiar- "es una obra de ficción, una recreación imaginaria de un período de la historia de Belalcázar".

Otro de los elementos estructurantes fundamentales, los personajes, presenta también destreza y solidez compositiva. Elvira es uno de los más interesantes; es quien sufre todo el conflicto central, su muerte ocurre sólo cuando éste ya se ha resuelto, de manera que vive el esquema “orden alterado orden restituido” propio de las comedias barrocas. Finge ser una mujer fuerte en su papel de cabeza de una familia noble prácticamente deshecha económica y socialmente por culpa de su marido, ya que al final nos confiesa su debilidad. El personaje de Alfonso es también muy interesante porque su fracaso es consecuencia directa de la deshonra de su padre. Reproduce su despotismo, llegando a un nivel de desequilibrio mental que no existía en la mente fría y calculadora de aquél. Completando la saga, Guzmán se presenta como “el salvador”, que acaba con la angustia que arrastraba la familia desde la traición de su abuelo. El resto de personajes son secundarios, y muchos meros figurantes, como hemos dicho.

El espacio escénico presenta un juego muy conseguido con la variedad de los escenarios (escenario A, escenario B, proscenio, escenario alto). Las cuidadas acotaciones escénicas nos revelan que el autor conoce y domina los recursos escénicos puestos en juego. En primer lugar, el escenario alto se emplea siempre para el Coro de Mancebas -marcando un especio concreto destinado a una acción secundaria- o para algunas apariciones –que también marca un espacio distinto del de la acción principal. Por otro lado, la alternancia entre los escenarios A y B se marca perfectamente mediante el juego de luces, indicando también cuándo son simultáneos y cuando pasamos a un lugar diferente. El uso de la penumbra y las luces mágicas sirve para crear situaciones irreales que se producen en la mente de los personajes; en este sentido, es muy ilustrativa una de las escenas finales en la que aparece Panigua ya muerto. En último lugar, también el proscenio cumple un papel importante en dos ocasiones, estableciendo una separación o un paréntesis en el desarrollo de la acción –Cola María Bazurto se dirige al público con la conciencia de que son espectadores- o sirviendo para incluirlos dentro de la misma y considerarlos, por tanto, personajes –arenga militar de Álvaro. Este juego escenográfico de escenarios y luces controla asimismo a la perfección las numerosas entradas y salidas de los actores.

En los cambios de lugar y de decorado, podemos destacar, entre otras, dos escenas significativas por la riqueza visual que generarían su representación en un espacio amplio y abierto: en primer lugar, la llegada de la comitiva de don Juan de Sotomayor a caballo y la salida de ésta tras terminar esta escena; y en segundo, la de la arenga que este II conde de Belalcázar hace al público como si fueran sus soldados, junto con el romancillo del coro de mozas que introduciría la música. Como decimos, posibilitan un gran montaje escénico por la cantidad de personajes implicados y la mezcla de sentidos; así, en la comitiva militar aparecen cuatro abanderados con los pendones de Castilla, Belalcázar, Sotomayor y Stúñiga y soldados a caballo y a pie, además del código auditivo de la música de tambores, trompetas e incluso música grabada, y el visual del decorado y el vestuario. Por su parte, el espacio dramático recrea imaginariamente hechos sucedidos en Alcántara, La Deleitosa, y, sobre todo, en Belalcázar, lo que también da juego a esta puesta en escena.

Pasando al tiempo dramático, y dejando el concepto de tiempo escénico que alude a la duración de la representación –cosa que desconocemos-, nos situamos en el siguiente marco histórico: en 1444 Juan II concedió la villa a sus vecinos y la jurisdicción a Gutierre de Sotomayor, maestre de la orden de Alcántara, dando comienzo el señorío de Belalcázar, que conseguiría en 1475 el título condal. En esa época dicho condado era extenso y estaba formado por los territorios de Badajoz y Córdoba e incluía varios pueblos como Hinojosa del Duque o Villanueva del Duque. El condado se mantuvo en prosperidad en los siglos XV y XVI, en parte debido a la fusión con el ducado de Béjar en 1518, tras el matrimonio de don Francisco de Sotomayor con Doña Teresa de Zúñiga. Por tanto, la acción transcurre entre 1432 y 1483, si bien no de forma lineal, sino a través de un juego temporal muy interesante de prolepsis y analepsis y situaciones intemporales –fuera de la acción o en la mente de los personajes- que dota a la obra de una gran viveza y movimiento.

La división externa juega con dos posibilidades si la consideramos una trilogía en dieciocho escenas ("El Maestre" (I-VI), "El Halcón" (VII-X), "La Columna" (XI-XVII): se puede representar –como indica expresamente el autor- cada una por sí sola o las tres en este orden. Es cierto que cada parte tiene la unidad suficiente para representarse sola, pero indudablemente hay una evolución y un conocimiento de los personajes por parte del lector/espectador que cobra una mayor dimensión en la lectura/representación secuencial de la misma, como le ocurre al personaje de doña Elvira o al de don Gutierre. Además, si nos damos cuenta, siempre hay un elemento que engancha una parte con otra, de manera que la tensión dramática se mantiene a la perfección.

Esta estructura nos recuerda la de las comedias nuevas porque podría equivaler a los tres actos y porque cada una de ellas se organiza en torno al número tres, como vamos a ver de forma somera en el siguiente análisis de las secuencias dramáticas.

La primera de las partes,“El Maestre”, gira en torno a la figura de don Gutierre de Guzmán, Maestre de la orden de Alcántara. Tiene una estructura cíclica organizada en tres secuencias. La primera (dos escenas) nos sitúa en el presente y nos informa sobre la crueldad del maestre y nos sirve el clima de tragedia. La segunda secuencia es una analepsis hacia ese pasado del maestre (tres escenas). La última (una escena), nos vuelve al presente y vemos a un Maestre arrepentido y con cierta esperanza.

“El Halcón” se compone de una secuencia de cuatro escenas alrededor de la figura de Alfonso, aunque tiene tres tramas clarísimas: situación inicial en la que se nos habla de la boda de ambos, conflicto interior de Alfonso y desenlace fatal con su muerte.

Finalmente, en “La Columna” es Gutierre el protagonista de la saga familiar del Maestre –aunque, como hemos dicho, el protagonismo de Elvira desde su aparición como mediadora es evidente. Han trascurrido doce años desde la muerte de Alfonso. Supone la restitución del orden en tres planos que equivalen a tres secuencias: el plano político y social (una escena), el plano religioso (cuatro escenas) y el plano interior de los personajes, especialmente de Elvira (tres escenas).

Como vemos, aunque el esquema es similar al de las comedias nuevas, no hay un desenlace tan rápido y hay una mayor profundidad psicológica de los personajes debida a los tintes de tragedia que también tiene la obra.

Garantizado, sin lugar a dudas, el disfrute del pueblo con esta obra, también lo está el de la difusión del legado histórico de un pueblo que, si examinamos su patrimonio cultural y artístico, nos damos cuenta del extraordinario fondo que posee para -como en este caso- hacer las delicias de cualquier artista. La gran variedad que presenta se debe, en parte, a la diversidad de civilizaciones que a lo largo de la historia se han asentado en la región (iberos, romanos, musulmanes, cristianos, etc...). Entre sus monumentos y construcciones más interesantes destaca uno de los “protagonistas” de esta: el castillo de los Sotomayor y Zúñiga o castillo de Belalcázar, que es la construcción más espectacular de la población y su emblema. La torre del homenaje -desde la que quería soltar los halcones el personaje de don Alfonso- impresiona por su tamaño y destaca por el escudo de los Sotomayor. Otras siete grandes torres de granito acompañan esta colosal fortaleza. Belalcázar nos envuelve con el medievalismo de construcciones religiosas y civiles, como el mayor y más bello convento de Córdoba, el de Santa Clara de la Columna, que se encuentra a la salida del pueblo y fue fundado por nuestra protagonista, Doña Elvira de Zúñiga, en el año 1476, regentado al principio y durante 13 años por los frailes franciscanos, los mismos con los que se va otra de las figuras principales de la obra y que la religión hará llamar Juan de la Puebla.

Por todo lo mencionado, esta obra dramática se presenta -coincidiendo con el objetivo que para ella señalaba Vicente Torrico- especialmente apta para su representación en el pueblo, en el escenario abierto y genuino de Belalcázar. Y hasta tal punto es así que, por los rasgos analizados -la cantidad de personajes, la escenografía, el componente lírico o la base histórica-, se incluye en esta serie de representaciones locales que encuentran modelos en las obras de los Siglos de Oro y cuyos frutos se aprecian en el éxito de piezas actuales como La vaquera de la Finojosa. Deseamos para Belalcázar. El Halcón y la Columna la misma suerte que la de aquélla.

MARÍA REY CARMONA